Mediada esta madrugada de enero,
desde la habitación más ruidosa de esta casa
en medio de Madrid
oigo pasar un coche y luego otro.
Y entre medias
el trino desacompasado y solitario
de un mirlo.
miércoles 6 de enero de 2010
jueves 26 de noviembre de 2009
Nos vamos haciendo viejos
y la feroz ternura
con que amarramos nuestras bocas al aquí mismo,
ahora mismo,
nos hace, además, cómplices de amor.
Nos vamos haciendo
a tantas idas y venidas,
al sabor de lo eternamente efímero
de la felicidad y de la ausencia.
Nos vamos
y me dices:
«Aunque te vayas (la próxima vez será la definitiva, lo presiento),
ya no te echaré de menos porque ahora sé que nunca te irás de mí»
y yo digo que así es.
«Nos»,
y este plural
estalla en la boca como una estrella.
y la feroz ternura
con que amarramos nuestras bocas al aquí mismo,
ahora mismo,
nos hace, además, cómplices de amor.
Nos vamos haciendo
a tantas idas y venidas,
al sabor de lo eternamente efímero
de la felicidad y de la ausencia.
Nos vamos
y me dices:
«Aunque te vayas (la próxima vez será la definitiva, lo presiento),
ya no te echaré de menos porque ahora sé que nunca te irás de mí»
y yo digo que así es.
«Nos»,
y este plural
estalla en la boca como una estrella.
Algunos troncos de leña huelen dulce al quemarse
y otros desprenden un humo tan acre
que tengo que cambiarme de camisa
y lavarme el pelo.
y otros desprenden un humo tan acre
que tengo que cambiarme de camisa
y lavarme el pelo.
Casa Soronells
Dentro del bosque,
la casa de piedra.
Tan silenciosa
que en la noche se oye una banda
de violines, tambores y cornetas
tocando en el otro extremo del mundo
(o del tiempo)
música de boda.
la casa de piedra.
Tan silenciosa
que en la noche se oye una banda
de violines, tambores y cornetas
tocando en el otro extremo del mundo
(o del tiempo)
música de boda.
(Para Francesc y Mila, anfitriones)
Anochece
y el cielo, con todos sus colores,
se va haciendo cada vez más grande,
hasta devorar el sol,
todas las nubes,
el horizonte,
la carretera,
el coche;
hasta devorarme a mí.
y el cielo, con todos sus colores,
se va haciendo cada vez más grande,
hasta devorar el sol,
todas las nubes,
el horizonte,
la carretera,
el coche;
hasta devorarme a mí.
Para Jesús Miramón, que también fue testigo
martes 24 de noviembre de 2009
—¡Ancas de rana, mi plato favorito!— exclamó la princesa, consolándose rápidamente de su reciente viudez.
Relato finalista de la cuarta edición del Concurso Literario de Hiperbreves Movistar, convocado por Telefónica, la Fundación del Español Urgente y la editorial Bubok
Relato finalista de la cuarta edición del Concurso Literario de Hiperbreves Movistar, convocado por Telefónica, la Fundación del Español Urgente y la editorial Bubok
domingo 22 de noviembre de 2009
“I don’t want it; I don’t need it” (Dzigar Kongtrül Rinpoche)
There is a story of a destitute beggar who had an experience of freedom from his own desperation. He lived in India during the time of the Buddha. The Buddha saw him in the street and could see that he had been reborn in a deprived state of poverty five hundred times over. The Buddha told this man that he would give him a bag of gold if he could say, “I don’t want it; I don’t need it”, three times. The beggar —so bereft of merit— had difficulty forcing out the words. But with the encouragement of the Buddha’s attendant Ananda, he finally choked them out, “I don’t want it; I don’t need it.” It was excruciatingly difficult. But he did it and received the bag of coins. This was the Buddha’s kind ploy to help the beggar cultivate a seed of contentment and positivity in his own mind.
I have always found this story particularly touching. So one year when I went to India to make offerings, I decided to try it myself. I had a bag of coins and I came across a beggar in Bodh Gaya, just like the one in the story. I told him I would offer him the bag of coins if only he could say, “I don’t want it; I don’t need it”, three times. It was painful to watch him so conflicted and unable to respond. I thought he would miss the opportunity entirely. After a while, some Indian boys gathered around and shopkeepers came out of their shops. I knew many of them, and so they trusted me and began encouraging him. Soon they all cheered together, “Just say it! Say it!” People walking by joined in. Finally, at some point, he did it. And each time he repeated the words, I could literally see his whole presence and demeanour shift from a state of impoverishment to a state of recognition —a recognition of some inner strength and richness, or merit, that seemed to emerge from deep within. In the end, he accepted the coins in a dignified and noble way.
From “Seed of Contentment”, in chapter 4 (Invisible Strings. A Case against Attachment) of Light Comes Through. Buddhist Teachings on Awakening to Our Natural Intelligence, by Dzigar Kongtrül (Shambhala Publications, Inc., 2008).
I have always found this story particularly touching. So one year when I went to India to make offerings, I decided to try it myself. I had a bag of coins and I came across a beggar in Bodh Gaya, just like the one in the story. I told him I would offer him the bag of coins if only he could say, “I don’t want it; I don’t need it”, three times. It was painful to watch him so conflicted and unable to respond. I thought he would miss the opportunity entirely. After a while, some Indian boys gathered around and shopkeepers came out of their shops. I knew many of them, and so they trusted me and began encouraging him. Soon they all cheered together, “Just say it! Say it!” People walking by joined in. Finally, at some point, he did it. And each time he repeated the words, I could literally see his whole presence and demeanour shift from a state of impoverishment to a state of recognition —a recognition of some inner strength and richness, or merit, that seemed to emerge from deep within. In the end, he accepted the coins in a dignified and noble way.
From “Seed of Contentment”, in chapter 4 (Invisible Strings. A Case against Attachment) of Light Comes Through. Buddhist Teachings on Awakening to Our Natural Intelligence, by Dzigar Kongtrül (Shambhala Publications, Inc., 2008).
martes 3 de noviembre de 2009
Gratitud
De pronto he comprendido: las casas
son como los corazones de quienes las habitan.
En algunas siempre somos bienvenidos,
en otras nunca hay sitio para nadie
(no depende del espacio,
sino de su distribución).
son como los corazones de quienes las habitan.
En algunas siempre somos bienvenidos,
en otras nunca hay sitio para nadie
(no depende del espacio,
sino de su distribución).
miércoles 28 de octubre de 2009
Parque del Retiro
You might ask, for example, why someone takes a shower. You shower because you feel dirty. You aren't inspired purely because you have clean clothes in your closet. We might say that the basic goodness is like the clean clothes in your wardrobe. It's great to know they are there, but it's not always enough motivation to get you to shower. The dirt is what really makes you want to clean up.
Chögyam Trungpa Rinpoché, Smile at Fear: Awakening the True Heart of Bravery
En nuestro lugar de origen, el apego hacia familiares y amigos fluye como agua,
el odio hacia los enemigos nos consume como fuego
y la oscuridad de la ignorancia, que nos hace olvidar qué hacer y qué evitar, se acrecienta.
Abandonar la tierra natal es la práctica de los bodhisattvas.
Guielse Thogme, Las treinta y siete prácticas de los bodhisattvas (traducción Mª. Jesús Hervás, Grupo Padmakara)
El sol calienta pidiendo permiso
desde su pequeña altura (es otoño).
[Para abandonar la tierra natal primero hay que tenerla bajo los pies.
Para alzar el vuelo
es imprescindible mirar antes las nubes desde abajo.]
Frente al Palacio de Cristal
el agua cubre los árboles rojos hasta las rodillas.
Me pregunto si el cisne negro
es el mismo que el de mi infancia.
Ya no hay que saltar de losa en losa
para atravesar la gruta
(pero el suelo sigue cubierto de limo).
[Para sentir el viento en la cara
hay que dejar primero que la mojen las lágrimas por la partida.]
Nostalgia por la tierra que dejo atrás,
nostalgia por la inmensidad del cielo.
lunes 26 de octubre de 2009
Invitado: Rainer María Rilke (traducción de Paco G. Cueto)
Señor: es tiempo ya. El verano fue grande.
Sobre los relojes de sol posa tu sombra
y desata los vientos sobre las llanuras.
Ordena que maduren los últimos frutos,
concédeles aún dos cálidos días,
empújalos a su sazón, procura
al vino áspero su última dulzura.
El que no tiene casa ya no habrá de alzarla.
El que ahora está solo, solo seguirá por largo tiempo,
largamente velando, leyendo, escribiendo cartas,
y aquí y allá caminará inquieto
por las avenidas donde se arremolinan las hojas.
Sobre los relojes de sol posa tu sombra
y desata los vientos sobre las llanuras.
Ordena que maduren los últimos frutos,
concédeles aún dos cálidos días,
empújalos a su sazón, procura
al vino áspero su última dulzura.
El que no tiene casa ya no habrá de alzarla.
El que ahora está solo, solo seguirá por largo tiempo,
largamente velando, leyendo, escribiendo cartas,
y aquí y allá caminará inquieto
por las avenidas donde se arremolinan las hojas.
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Invitados
viernes 9 de octubre de 2009
Yo soy el feliz marinero
que llega a veces a tu puerto
a saciar su sed de agua dulce
y luego vuelve a la mar.
que llega a veces a tu puerto
a saciar su sed de agua dulce
y luego vuelve a la mar.
domingo 4 de octubre de 2009
Otoño en Madrid
Me detengo y veo las hojas de los plátanos
que caen despacio,
doradas,
de dos en dos,
de tres en tres,
sobre el asfalto de la plaza.
Y a dos palomas que alzan el vuelo.
que caen despacio,
doradas,
de dos en dos,
de tres en tres,
sobre el asfalto de la plaza.
Y a dos palomas que alzan el vuelo.
domingo 27 de septiembre de 2009
Tiendo la colada y me sorprendo bailando
con la música de la radio.
«Ahora sí. Ahora sí que estoy en casa»,
pienso.
Huele a suavizante,
giro sobre mí misma.
con la música de la radio.
«Ahora sí. Ahora sí que estoy en casa»,
pienso.
Huele a suavizante,
giro sobre mí misma.
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