El jardín era perfecto ayer:
el verde uniforme de la hierba a la altura exacta:
ni muy corta como en verano
ni muy alta, como después de las lluvias
de la primavera.
El jardín es perfecto hoy:
la hierba verde salpicada de manchas amarillas
—las hojas del saúco y de los almendros—,
de manchas rojas de la parra virgen.
El jardín es perfecto.